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DR.
NUNEZ
DEL
PRADO:
Bueno:
hay
alguna
dificuitad
en
el
uso,
digamos
liquido,
de
la
I
y
la
i,
la
e
y
la
i,
son dos
cosas
que tienden
a
tras-
trocarse m5s
bien.
DR.
ESCOBAR: Pero
cuando
ese
alumno
quiere
decir
palo'
nunca
dice
polo
ni
pola.
DR.
NUfrIEZ
DEL
PRADO:
No, no;
pero en realidad
la
cuesti6n
esta
del
defecto,
que usted
ha
encontrado,
posiblemente
ha
ocurrido
en
un
alumno
de mil
...
DR.
ESCOBAR:
No;
por
ejemplo en
la
Universidad de
}luamanga'
un
asistente
mio
que
fue
a
aplicar
un
mdtodo
de
espafrol
no
logr6
el
resultado
esperado,
porque
nosotros habiamos
concebido
el
m6todo espafrol
sobre
la
experiencia
limefra de
lengua
materna,
y
en realidad en ffuamanga
hay
que
encarar
el
problema
del
espafiol
dentro
de
un
6rea
bilingiie
y
quiz6
si
para
muchos, como
segunda
lengua. Entonces
cuando
6l
dictaba,
por
ejemplo:
eI
Inca
lleS,
los
alumnos
escribian:
eI
Enca
lle4iti,
porque
escuchaban
el
etrca.
DR.
NUNEZ
DEL
PRADO:
Bueno:
yo
no
pongo
en duda
la
validez
de esta informaci6nr p€ro
hay
una
cosa
que
nosotros hemos observado
y
es
la
siguiente: en los
grupos
estos
de
personas
que han sido
alfabetizadas,
hay
un
conjunto de
personas
-un
conjunto
bastante breve
por supuesto-
que
ha
pasado, supongamos,
por
estudios de
transici6n
y
primer
affo, algunos
hasta
segundo
afro.
En
estas personas
ha
sido
sumamente
dificil
eliminar
la
incon-
veniencia
del
uso
indicado de las
vocales.
Pero las
personas
que
han
comen-
zado
sin
haber
pasado
nunca
por
la
escuela
-yo
no
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a
qu6 se
debe
esto-
y
que
han
sido previamente
entrenadas
de
un
modo
insistente, como
dije
al
principio, en
el
uso
liquido
de las
vocales,
no
han tenido
estos problemas
posteriormente.
Ellos
pronuncian con
la
debida correcci6n
la
e
y
la
i
en
los
casos
correspondientes.
DR.
ARGUEDAS:
;En
ambos
idiomas,
Oscar?
DR.
NUNEZ
DE,L
PRADO:
Si, en
ambos idiomas. Porque, como
di-
go,
la
idea
6sta
de
utilizar
siempre
las cinco
vocales,
inclusive
de
utilizarlas
para el
sistema de escritura.
.
.
DR.
ESCOBAR:
...la
necesidad
de integrar
lo
m5s
r6pidamente
po-
sible
a
este
grupo
de
gente.
En
realidad
esto suscit6
en
mi
la
siguiente re-
flexi6n:
que
ello
equivalia
a
establecer
una
suerte
de
mutjlaci6n
en
las
pro-
yecciones
culturales
del futuro.
Por otro
lado, m6s
adelante,
vino
el
contra-
peso
al
responderme,
yo
mismo, que
seria
un
egoismo
de
te6rico
el
retardar
el




