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73

creo

que

si

yo hubiera

estado en

el

caso

del

Dr.

N6fiez

del

Prado y hubiera

tenido

la

capacidad que

6l

tiene

a

este respecto,

habria

hecho exactamente

lo

mismo'

Si el

educador

tiene que realizar

una

obra

aisladamente

y

por

sus

propios

me-

dios,

es

justo

que

se

preocupe entonces

de poner en manos

de

los que son

sus

alumnos

los

instrumentos

de su

liberaci6n.

De

manera

que

a

mi

me

pafece,

repito,

perfectamente l6gico

y

digno del mayor

elogio; pero

si

se

piensa

ya

en

t6rminos

nacionales

-si

ne5ef,1es

lleg6ramos

a

conseguir

una politica

nacional,

a

este

respectg.- quiz6

estarlamos

de

acuerdo

en

Ia

conveniencia

de

que

se

promueva

el

mayor

desarrollo

cultural

de cada

una

de

las

agrupaciones

que

coexisten

en

el

Per6 y

naturalmente

del idioma

que

hablan

como

el

elemento

quiz6 m6s

importante, mes

representativo

de

cada

una de

esas manifesta-

ciones

culturales.

Esto

es

simplemente

lo

que

yo

queria

manifestar

y

no

otra

cosa.

DR.

ARGUEDAS:

El

Dr.

John

Murra,

de

la

Universidad

de

Yale.

DR.

MURRA: Al

escuchar

a

algunos

de

nosotros esta noche,

el

Dr.

N6-

fiez

del

Prado tiene que sentirse

en

una

posici6n

extrafla,

posiblemente equivoca.

El

que nos

ha

dado

algunas

de

las

mejores descripciones

de

esta

cultura

que-

chua de

la

cual

nos estamos

preocupando;

61,

que

ha

estudiado

toda una

serie

de

actividades

que ninguna

otra

persona

en

la

zona

cuzquefra

ha

estudiado

(relaciones entre periodos

arqueol6gicos

con

la

realidad

etnol6gica moderna),

que se

ha

preocupado

por

la

perduraci6n

de

instituciones religiosas,

ha

sido,

en

fin,

una de las

personas

que m6s

ha

estudiado esta

cultura

que

nosotros

aqui, en

esta Mesa Redonda,

estamos

protegiendo,

y

debe, aunque

no

lo

ha

dicho aqui,

sentirse extrafrado

y

se

dirS:

en qu6

posici6n estoy

aqu(

cuando

dicen

o implican

ellos

que posiblemente

yo no.

.

.

Yo

he

oido

al Dr.

Ndfrez

del

Prado hablar

en

quechua

en

situaciones

tanto

ceremoniales

como

caseras,

rutinarias,

asi que

por

este

lado

sabemos

que

el

inter6s,

la

devoci6n

que

61

tiene

a

esta

cultura

y

a

su

parte

simb6lica

es

genuina

y,

m6s que genuina,

ha

trabajado,

ha

hecho investigaci6n

en

este

problema.

Por otro

lado,

es obvio

que

la

situaci6n social que

6l

describe

y

que

lo

ha

empujado

a tomar

las

de-

cisiones

que

ha

tomado, son

bien

claras.

Parece

imposible

costear

la

traduc-

ci6n de

todo

y

aunque

se

puede

uno

decir que

en

muchos

idiomas

no

todo

es

traducido;

por

ejemplo,

un

estudiante

dan6s

-y

hay

s6lo

tres millones

de

dan6s-hablantes-

no

puede

estudiar

medicina

en

dan6s,

lo

hace

en

ingl6s,

en

alem6n

o

en

lo

que

puede,

pero

toda

otra

serie

de

libros

que

no

sean

libros

costosos

de

medicina,

de

fisiologia,

de

anatomia,

si

son traducidos

al

dan6s,

no

todo

se

traduce sino una

parte.

Pero

el

problema

del

costo

es

obvio,

es

ra-

cional.

El

hecho

de que

en

la

situaci6n

econ6mica,

social

y

politica

imperan-

te el

campesino necesita

hablar el

castellano es

obvio

tambi€n.

Mencionaba

el

Dr.

N6fiez del

Prado que

a

la

oficina

pfblica

hay

que

ir

hablando

castellano;

mencionaba

tambi€n que

el

campesino

mismo

-y

lo

sabemos

los que

hemos