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creo
que
si
yo hubiera
estado en
el
caso
del
Dr.
N6fiez
del
Prado y hubiera
tenido
la
capacidad que
6l
tiene
a
este respecto,
habria
hecho exactamente
lo
mismo'
Si el
educador
tiene que realizar
una
obra
aisladamente
y
por
sus
propios
me-
dios,
es
justo
que
se
preocupe entonces
de poner en manos
de
los que son
sus
alumnos
los
instrumentos
de su
liberaci6n.
De
manera
que
a
mi
me
pafece,
repito,
perfectamente l6gico
y
digno del mayor
elogio; pero
si
se
piensa
ya
en
t6rminos
nacionales
-si
ne5ef,1es
lleg6ramos
a
conseguir
una politica
nacional,
a
este
respectg.- quiz6
estarlamos
de
acuerdo
en
Ia
conveniencia
de
que
se
promueva
el
mayor
desarrollo
cultural
de cada
una
de
las
agrupaciones
que
coexisten
en
el
Per6 y
naturalmente
del idioma
que
hablan
como
el
elemento
quiz6 m6s
importante, mes
representativo
de
cada
una de
esas manifesta-
ciones
culturales.
Esto
es
simplemente
lo
que
yo
queria
manifestar
y
no
otra
cosa.
DR.
ARGUEDAS:
El
Dr.
John
Murra,
de
la
Universidad
de
Yale.
DR.
MURRA: Al
escuchar
a
algunos
de
nosotros esta noche,
el
Dr.
N6-
fiez
del
Prado tiene que sentirse
en
una
posici6n
extrafla,
posiblemente equivoca.
El
que nos
ha
dado
algunas
de
las
mejores descripciones
de
esta
cultura
que-
chua de
la
cual
nos estamos
preocupando;
61,
que
ha
estudiado
toda una
serie
de
actividades
que ninguna
otra
persona
en
la
zona
cuzquefra
ha
estudiado
(relaciones entre periodos
arqueol6gicos
con
la
realidad
etnol6gica moderna),
que se
ha
preocupado
por
la
perduraci6n
de
instituciones religiosas,
ha
sido,
en
fin,
una de las
personas
que m6s
ha
estudiado esta
cultura
que
nosotros
aqui, en
esta Mesa Redonda,
estamos
protegiendo,
y
debe, aunque
no
lo
ha
dicho aqui,
sentirse extrafrado
y
se
dirS:
en qu6
posici6n estoy
aqu(
cuando
dicen
o implican
ellos
que posiblemente
yo no.
.
.
Yo
he
oido
al Dr.
Ndfrez
del
Prado hablar
en
quechua
en
situaciones
tanto
ceremoniales
como
caseras,
rutinarias,
asi que
por
este
lado
sabemos
que
el
inter6s,
la
devoci6n
que
61
tiene
a
esta
cultura
y
a
su
parte
simb6lica
es
genuina
y,
m6s que genuina,
ha
trabajado,
ha
hecho investigaci6n
en
este
problema.
Por otro
lado,
es obvio
que
la
situaci6n social que
6l
describe
y
que
lo
ha
empujado
a tomar
las
de-
cisiones
que
ha
tomado, son
bien
claras.
Parece
imposible
costear
la
traduc-
ci6n de
todo
y
aunque
se
puede
uno
decir que
en
muchos
idiomas
no
todo
es
traducido;
por
ejemplo,
un
estudiante
dan6s
-y
hay
s6lo
tres millones
de
dan6s-hablantes-
no
puede
estudiar
medicina
en
dan6s,
lo
hace
en
ingl6s,
en
alem6n
o
en
lo
que
puede,
pero
toda
otra
serie
de
libros
que
no
sean
libros
costosos
de
medicina,
de
fisiologia,
de
anatomia,
si
son traducidos
al
dan6s,
no
todo
se
traduce sino una
parte.
Pero
el
problema
del
costo
es
obvio,
es
ra-
cional.
El
hecho
de que
en
la
situaci6n
econ6mica,
social
y
politica
imperan-
te el
campesino necesita
hablar el
castellano es
obvio
tambi€n.
Mencionaba
el
Dr.
N6fiez del
Prado que
a
la
oficina
pfblica
hay
que
ir
hablando
castellano;
mencionaba
tambi€n que
el
campesino
mismo
-y
lo
sabemos
los que
hemos




