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que

en

efecto

hay

una

actitud,

una

especie

de

discriminaci6n

con

respecto

al

indigena.

Todavia

la

palabra

indio,

todavia,

pero

para

felicidad

cada

vez

menos, se

utiliza

como sin6nimo

de

insulto

en las

calles

de

nuestra

ciudad

y

en otras ciudades;

todavia

se

percibe

esto.

Como

el

indio

habla

ya el

aymara

o

el

quechua, es

indudable

que

se

siente

disminuido;

esto

por

un

lado,

y

por

otro

que cuando los nifros

van

a la

escuela,

a

la

escuela

donde

se

habla

y

se

ensefia

en

castellano,

entonces se esfuerzan

por

asimilarse

a

la

lengua

en

que

se

da

la

ensefranza,

pero

por

razones

que

aqui

se

han

a71alizado

muy

bien,

razones

lingiiisticas, los

nifros

no

pueden

expresarse

con facilidad,

y

lo

hacen

con

equivocos

fon6ticos;

entonces

los nifios

mestizos

o

blancos

se rien,

se

mofan

de

los

nifros

indigenas

polque

pronuncian

mal

las

palabras

y

asi

se

produce

una

especie

de

disminuci6n de

la

calidad

humana

del

nifro. Es

posi-

ble

que

estos fen6menos

puedan

contribuir

o

esten

contribuyendo

a

creal

una

actitud

de

disminuci6n personal

en

quienes

hablan

lenguas

nativas,

pero

tambi€n frente

a

eso podemos

citar

experiencias

muy

eficaces.

Posiblemente

los

sefrores

que

han

hecho

experiencias

tan

interesantes

en

Yarinacocha po-

drian

informarnos

con detalles

muy

vafiados, pero tambidn algo

se

hizo

en

el

departamento

de

Puno,

precisamente

en

la

6poca

en

que

el

Ministerio

de

Educaci6n

estaba

a

cargo

del

Dr.

Luis E.

Valc6rcel.

Entonces

se

inici6

una

€x-

periencia

en

un lugar

que se

llama

Ojerani.

Una

maestra

-ya

fallecida-,

em-

pez6

a

ensef,ar

a

los nifios en su

propia

lengua,

y

habia que

ver

la

diferen-

cia

entre los

nifros

que

estaban aprendiendo

en

su

propia

lengua,

a

leer;

en

la

actitud

espiritual, en

el

contento,

en

la

alegria

que

se

notaba en los

nifios

cuando

estaban

aprendiendo en su

propia

lengua; pero

no ocurria

lo

mismo

y

no

ocurfe cuando

los niflos

est6n

en otras

escuelas

donde se

habla

directa-

mente

en

castellano.

Los

nifros

indigenas

se mantienen mudos,

silenciosos,

porque

no

pueden

expresarse

f6cilmente; es indudable

que

la

expresi6n,

!a

forma

de

expresi6n

no

es

igual

en una lengua que

no

se

domina, que

no

se

la

ha

manejado

desde

que se

ha

nacido.

Puedo agregar

a

esta

experiencia,

qr;jz6, aunque

no

viene

muy

bien

al

caso,

que en

la

escuelita experimental

que

yo dirigi por

muchos

aflos en

mi

tierra natal,

en

Puno, intent6

hacer

una

experiencia

semejante; pero en

vista

de que

Puno

ya

es

una ciudad

en

la

que

mayormente

se

habla

en

castellano,

diferimos

el

proyecto,

pero

hicimos

in-

vestigaciones,

e

hicimos

un

diagn6stico

de

un

aspecto

del lenguaje.

De

70

nifios

de

habla

nativa

aymara

o

quechua

que

diagnosticamos,

elaboramos

estos

resultados;

por

ejemplo,

en

castellano

resultaban

ser

del

tipo

inferior

3?Vo;

de

nivel

medio

44Eo

y

de nivel

suPerior

el

L3/o,

esto

en

castellano;

ahora vamos

a

observar

el

resultado

en

lenguas

aborigenes: solamente

se

ubicaban

en

el nivel inferior

el

6/6.

Qu€ diferencia;

37

nifros

en

lengua

cas-

tellana

habian

dado

nivel inferior

y

solamente

6

estaban

realmente

en

ese

grupo, cuando

usaban

s-u

propia

lengua.

Lo

mismo

fue

en

el

nivel

medio,

con

la

diferencia

de

44

a

38,

y

en

el nivel

superior

de

13

a

39.

Todas

estas

cosas

revelan claramente

que

hay

muchas

razones

para

que

se produzca,

re-