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35

o

la

lista

de los

fonemas

o

de los

elementos

con los que

vamos

a

dar

repre-

sentaci6n grSfica

a

esos

fonemas,

y

el

aspecto

de

la

distribuci6n

y

.las.

com-

binaciones posibles

en que

aparecen

esos

fonemas;

no

hay

inconveniente'

me

parece

a

mi,

en

utilizar'

.r,

,rrr"

serie

de

dialectos

o

de

lenguas

distintas'

la

misma

grafia,

p€se

a

que

la

funci6n

del

fonema

que

representa puede

cam-

biar

fundamentalmente.

En

el

caso

del

dialecto cuzguefro,

hay una

gran

cantidad de

oclusivas

frente

a

su

limitado

nGmero

en

espafrol;

pero

pi6nsese

en

otra

6rea

quechua

para simplificar el

problema.

Pienso

que

se

puede

usar

en una

serie

de

"".o.

.1

signo

de

la p,

de

la

f

o

de

la

ft

y

se

puede discutir

si

conviene

el

uso

de

diacriticos

o si

conviene

un

uso m6s pr6ctico'

con

los

signos

que

ofrece

en

la

m6quina

de

escribir.

Como

quiera que

fuese'

el

ele-

mento sobre

el

que

yo

he querido

llamar

la

atenci6n reside

en

el

hecho

que,

este

aspecto

de

la

escritufa

es

un

asunto

sobre

el

cual

es

necesario

ponerse

de

acuerdo, ciertamente,

pero

no un

problema

desde

el

cual

debemos

partir

para

!a

comprensi6n

global

del

asunto.

Por otro

lado,

creo

que

conviene

te-

ner

en

cuenta que

si

bien

la

lingiiistica

y

los

lingiiistas del Per6 no han

creado

una tradici6n,

si

|a

existe

en

el

extranjero,

y

que trabajos

de

esta

indole

se

han

hecho

en Asia, en

Africa,

en

Latino

Am6rica, en una

serie

de

lugares,

y

se

puede apelar

tambi6n

a

una

experiencia como

la

del Instituto

Lingiiistico

de

Verano

en

la

Selva.

Pero

no

solamente

ese

problema

que

usted

ha

plan-

teado

es

grave,

sino que

hay

otros

m6s, relacionados

con

61,

y

es

que

todo

es-

te

problema

del

alfabeto para

finalidades pr6cticas

es

importante,

aun

cuan-

do

no

es

el

punto medular

o

global

del

asunto.

Asi

se complica

la

situaci6n

en

la

medida que

feconocemos

que,

por

ejemplo,

el

quechua

no

es

una

lengua

uniforme sino una

cadena

de

dialectos mutuamente

inteligibles entre ellos y

que

los

sistemas

cambian

y

que

sere

menester

preparar

material

did6ctico

para

cada

zona.

Lamento

que

ya

no

est6 presente

el

Dr.

Rivera para

poder

dialogar con

6l

sobre

estos

temas. En

primer

lugar,

creo

que

es

el

Ministe-

rio

el

que

tiene

que ponerle

el

cascabel

al

$ato,

porque

si

es Ministerio

de

Educaci6n, es

de

su

competencia;

y,

en

segundo

lugar, porque

el 90/s

de

la

responsabilidad

educativa

en

el

pais,

y

especialmente

fuera

de

Lima,

est6

en

manos

del

Estado.

Es

alentadora,

de

otro

lado,

la

declaraci6n

del

Dr.

Rivera

acerca

de

la

actitud

de

los

maestros

fespecto

del

guechua.

Pero

lo

importante no

es

saber

que

el

Sr.

P6rez

y

el Sr. lt1rez

y

el

Sr.

Su6rez

est6n

de

acuerdo

y

tieneo

simpatia

por

la

lengua

aborigen.

Lo

que

importa

es

ver

que

esta

simpatia

y

este

acuerdo personal

se

transforman

y

modifican los

lineamientos que

son

la

politica

educativa

del Ministerio.

Lo

que

nosotros

deseamos

dinamizar,

lo

que

nosotros

deseamos

que tenga

un

cambio, es

la

politica del

Ministerio

en

la

apreciaci6n

del

problema

de

la

escuela

y

el

problema

de

las

lenguas

aborigenes;

y

esa

politica,

tal

como este

hoy dia

planteada,

est6

planteada

en t6rminos que

equivalen

a

suponer

que

el

Perri

es

un

pais

monolingiie

(mientras

que

la

observaci6n

de

la

realidad

nos

descubre

que

el

pais

es

plu-