ta',
'es 6sa
una
puerta',
'es 6sta
una puerta',
y
hasta
alli
todo
seria
inofeirsivo; pero
lo
grave
radicaba en
que
en las
casas
de
estos
alum-
nos
no
existian
puertas.
El
ejercicio
se
practicaba
con
un
elemen-
to
cultural
irrelevante
para
el
alumno,
y,
necesariameote,
la
clase
tenia que resultar
sosa, desperdici6ndose
aprovechar elementos
de
su propio
contexto
social. Lo
dicho basta
para
imaginar
los
per-
juicios que
puede acarrear
el
uso de
materiales
que violenten
pau-
tas
valorativas, normas
sociales,
en
fin,
el
sistema
cultural del
edu-
cando; o
cu6n
f6cilmente
se
puede perder
el inter€s
del
nifro,
en
lugar
de
hacer
uso de los
puentes
m6s
accesibles
para
la
intercomunica-
ci6n con
la
nueva lengua
y
cultura
que
aprende.
5.1.2.
Aceptamos, pues,
que
es importante
situar
la
ensefianza
de
una
segunda
lengua
dentro de
un
marco en
el que
no
s61o
contrastan
srs/emas
de
lenguas
distintas, sino tambi6n
sisfemas culfuray'es dis-
tintos. El
lingtiista
requiere,
pues,
de
la
colaboraci6n
del
pedagogo
y
del
antrop6logo,
a
fin
de que
stl
labor
ensamble
con
la
t6nica
de
la
escuela
y
evite cualquier
colisi6n
con
los patrones
de
la
comuni-
dad.
Veremos
de
cu6n importante
aplicaci6n
para
el
Perd
es
esta
6.
Volvamos ahora
a la
escuela
peruana, en
zonas quechuas
o
aymaras
monolingiies
o
deficientemente
bilingties.
Para
el
lingiiista
resulta
m6s
coherente
que,
tanto
al
nifro
como
al
adulto
analfabeto,
se
les
ensefre
a
transcribir en
grafias
la
lengua materna
del
estudiante,
es
decii,
que
se
cumpla
la
fase
de
la
alfabetizaci6n (escritura
y
lectura)
como
un
primer
paso
en
el
proceso
educativo
del
educan-
do.
La
relaci6n
que
existe
entre
el
sorrido
y
la
letra,
que
es
dm-
bolo gr6fico
del
sonido,
le
resulta
al
estudiante
mucho
menos
dura
y
mucho
m6s
accesible
que
si
tuviera
que
aprender
a
producir
so-
'
nidos
y
grafias que
pertenecen
a
un
sistema
lingiiistico distinto
del
que
6l
habla
y
es
habitual
en su
comunidad.
Pi€nsese
que,
a
parte
de
esta
raz6n
t6cnica,
el
alumno
aborigen
se sentir6 estimulado
al
comprobar que
el
mundo
del
maestro
y
de
la
escuela
no
levanta
ante
6l
una
barrera
y,
por lo
tanto,
dadas
las
caracteristicas
socia-.
les
del
pais,
.no
se
sentir6
inhibido
ni
marginado.
La
interacci6n
que se
espera
del
niflo
y
de
la
escuela
ocurrir6
a
sus
ojos en
la
forma
mds
habitual,
en su
propio idioma,
como
una
estancia previa
para llegar
despu6s
al
castellano.
No
serA
preciso
un
desdobla-
miento de
personalidad
entre
las
horas
que
transcurre
en
el
aula
de
clase
y
el
tiempo que
pasa
en
el
campo
o
en
el
hogar
con
la
familia.




