lengua de
la
escuela
en
todos los
niveles
de ensefranza.
Ahora
bien.
para
el
lingiiista
esta
norma
del
Ministerio
es cuestionable,
y
po-
dremos
tomarla
como
punto
de
partida
en nuestro
debate
de
esta
noche.
3.
Empecemos
por
una comprobaci6n
de hechos.
Tengo
datos de al-
gunos
estudios realizados
en
el
sur
del
PerG
y
en
alg(n
otro
lugar
del
pais,
y
ellos revelan
no
s6lo que
las
disposiciones
materiales
y
humanas
del
Ministerio
resultan cortas
para
cubrir
el
r6pido
cre-
cimiento dem6tico
del
pais,
sino
que,
adem5s,
ya
son
un
serio pro-
blema
el alto
indice
de
ausentismo
y la
deserci6n
de
la
escuele,
aparte
de
los
casos
de
regresi6n
al
analfabetismo.
O
sea,
que
de
un
lado
se
da
el
caso
de muchos
niflos que
en
edad
escolar
no
acuden
a
la
escuela,
y,
de
otro, el
de
aqdellos
que
la
abandonan
demasiado
pronto.
3.1.
Existe
adem6s
la
masa
de
adultos
analfabetos
cuya
situaci6n
es
distinta,
sobre
todo
si
pensamos
en
la
diferencia
de
posibilidades
entre
la
costa
y
la
sierra.
Quisi€ramos
resaltar que
debemos prestar
atenci6n preferente
al
caso
del
nifro
y
del adulto
hablantes nativos
de una
lengua
aborigen
y
pobladores
ya
de
zonas
monolingiies
o bi-
lingiies.
Abrigamos
la
confianza
de
que,
si
discutimos
a
cabalidad
la
compleja situaci6n
en que
ellos se
encuentran, podremos
sacar
conclusiones
que
en
alguna medida nos
ayuden
a
interpretar
la
si
-
tuaci6n de los niffos
y
adultos
analfabetos
en las
zonas monolingiies
de
la
costa.
3.2.
Quisiera
invocar,
c6lidamente,
la
atenci6n
y
comprensi6n
generosa
y
desapasionada
de los funcionarios del
Ministerio
de
Educaci6n
que
nos
acompafran esta noche.
No
se
vea en
mis
palabras
un
6nimo
de
critica
gratuita
ni
de
f6cil
pedanteria
acadEmica.
La
lingiiistica,
ade-
m6s
de
s€r
una disciplina te6rica, tiene Ia
posibilidad
de
ser tambi€n
una
ciencia
aplicada,
y
en
este
campo,
la
enseflanza de lenguas
ha
si-
do una
de
las
Sreas
que m6s
se
ha
beneficiado con
el desarrollo
de la
lingiiistica moderna.
En
ningrin
momento,
un
lingi.iista
consciente
trata
de
desplazar
o sustituir
la
tarea
que
compete
al
educador por
su formaci6n
pedag6gica.
La
actitud
es
otra,
busca
la
colaboraci6n
del
educador,
asi
como reclama
la
del
estudioso
en
ciencias socia-
les
para, en conjunto,
aprovechar
al
mdximo
ciertos hallazgos
que
su
trabajo
con
las
lenguas,
y
el
an6lisis
de
las dificultades que
se
derivan
de
la
naturaleza de ellas,
le han
ensefiado.
3.2.1. Por
estas razones,
para
el
lingiiista
son totalmente diferentes
las
situaciones
que
se
plantean en
las
siguientes
aulas de
clase:




