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gua
ejemplar
(a
menudo, trat6ndose
del
castellano
se
piensa
gue
es
el
recomendado
por
la
Academia), Y
Que,
por
lo
tanto'
todos
debemos
imitar
ese
patr6n
lingiiistico'
Sin
embargo'
si
descendemos
al
nivel
de
la
realidad,
hemos
de
advertir
que
cualquier
comunidad
lingiiistica
posee'
dentro de ella, distin-
tos tipos de
lengua:
desde
la
usual en
situaciones
formales'
hasta
la
coloquial de
la
conversaci6n espont6nea,
la
siempre
muy
rigida
de las f6rmulas en los
documentos
administrati-
vos,
la
especializada
de
los
grupos
profesionales,
o
grupos
de
edad
o
sexo,
o la
jerga
o
argot de los maleantes'
Ello
no
obstante,
los
distintos
miembros
de
la
comunidad se
entien-
den
e
interactdan
a
travds
de
la lengua:
1)
porque
hay
co,nciencia
de que
la
lengua se
usa en
una
determinada
cir-
cunstancia
o
situaci6n que tiene
precisas
exigencias
(el
pre-
tendiente que
solicita
la
mano de
la
novia
est6
en
una
situa-
ci6n real
e
idiom6tica
distinta de
quien
pide
al
carretillero
que dore m6s
los
anticuchos),
y
2)
porque
a
pesar
de
las
diferencias
que
existen
dentro de una misma comunidad,
o
de
los
rasgos
regionales
que, dentro de
esa
comunidad, delimitan
los
dialectos,
a
pesar
de
lo
diferencial,
decimos,
existe
un
patr6n
Seneral
cnmrtn,
lo
suficientemente
amplio
y
flexible
como
para impedir
que
la
inteligibilidad
se
frustre'
Si
6sta
se
frustrara, habria
surgido
otra
comunidad
lingiiistica,
inde-
pendiente; pero mientras
eso
no ocurra'
son modos
o
maneras
de
la
misma comunidad
lingiiistica.
Ahora bien,
el
hombre
usa
distintas normas
lingi.iisticas
en
su
comportamiento
habitual:
lo
que
conviene
decir
delan-
te
de
los
amigos,
quiz6
no
lo
diga
delante
del jefe de
la
ofi-
cina,
o
en
un
discurso acad€mico.
O
sea,
que
usa
la
lengua
exactamente
como usa
la
ropa:
una para
ir
al
trabajo'
otra
para
ir
a la
playa
y
bafiarse,
otra
para dormir,
otra
para
un
baile
de gala
y
otra
para una fiesta de
carnavales.
No
es
pues
un
patr6n
rigido
y
exigente
el
que
gobierna
nuestros
actos
idiom6ticos.
No
hay
tal
modelo inmutable,
pues la
lengua cambia hist6ricamente, de una parte,
y
de
otra,
social-
mente se diversifica
segin las
circunstancias
y
los
niveles.
Ahora bien, en
la
lengua se proyecta
la
divisi6n
social
de
las
sociedades,
y
por
la
manera
de
expresarse
se
puede
iden-
tificar
la
procedencia
y
nivel
social
del
hablante.
Si
un
hablante
de
un
estrato
social
bajo, en
virtud
del
estudio
o
del trabajo
debe operar
en
un
nivel
social
y
de
lengua
m6s
alto,
deber6
educar su norma lingi.iistica, como
todo
su
com-
portamiento,
si
no
quiere
recibir
la
sanci6n social
del
nuevo




