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19

gua

ejemplar

(a

menudo, trat6ndose

del

castellano

se

piensa

gue

es

el

recomendado

por

la

Academia), Y

Que,

por

lo

tanto'

todos

debemos

imitar

ese

patr6n

lingiiistico'

Sin

embargo'

si

descendemos

al

nivel

de

la

realidad,

hemos

de

advertir

que

cualquier

comunidad

lingiiistica

posee'

dentro de ella, distin-

tos tipos de

lengua:

desde

la

usual en

situaciones

formales'

hasta

la

coloquial de

la

conversaci6n espont6nea,

la

siempre

muy

rigida

de las f6rmulas en los

documentos

administrati-

vos,

la

especializada

de

los

grupos

profesionales,

o

grupos

de

edad

o

sexo,

o la

jerga

o

argot de los maleantes'

Ello

no

obstante,

los

distintos

miembros

de

la

comunidad se

entien-

den

e

interactdan

a

travds

de

la lengua:

1)

porque

hay

co,nciencia

de que

la

lengua se

usa en

una

determinada

cir-

cunstancia

o

situaci6n que tiene

precisas

exigencias

(el

pre-

tendiente que

solicita

la

mano de

la

novia

est6

en

una

situa-

ci6n real

e

idiom6tica

distinta de

quien

pide

al

carretillero

que dore m6s

los

anticuchos),

y

2)

porque

a

pesar

de

las

diferencias

que

existen

dentro de una misma comunidad,

o

de

los

rasgos

regionales

que, dentro de

esa

comunidad, delimitan

los

dialectos,

a

pesar

de

lo

diferencial,

decimos,

existe

un

patr6n

Seneral

cnmrtn,

lo

suficientemente

amplio

y

flexible

como

para impedir

que

la

inteligibilidad

se

frustre'

Si

6sta

se

frustrara, habria

surgido

otra

comunidad

lingiiistica,

inde-

pendiente; pero mientras

eso

no ocurra'

son modos

o

maneras

de

la

misma comunidad

lingiiistica.

Ahora bien,

el

hombre

usa

distintas normas

lingi.iisticas

en

su

comportamiento

habitual:

lo

que

conviene

decir

delan-

te

de

los

amigos,

quiz6

no

lo

diga

delante

del jefe de

la

ofi-

cina,

o

en

un

discurso acad€mico.

O

sea,

que

usa

la

lengua

exactamente

como usa

la

ropa:

una para

ir

al

trabajo'

otra

para

ir

a la

playa

y

bafiarse,

otra

para dormir,

otra

para

un

baile

de gala

y

otra

para una fiesta de

carnavales.

No

es

pues

un

patr6n

rigido

y

exigente

el

que

gobierna

nuestros

actos

idiom6ticos.

No

hay

tal

modelo inmutable,

pues la

lengua cambia hist6ricamente, de una parte,

y

de

otra,

social-

mente se diversifica

segin las

circunstancias

y

los

niveles.

Ahora bien, en

la

lengua se proyecta

la

divisi6n

social

de

las

sociedades,

y

por

la

manera

de

expresarse

se

puede

iden-

tificar

la

procedencia

y

nivel

social

del

hablante.

Si

un

hablante

de

un

estrato

social

bajo, en

virtud

del

estudio

o

del trabajo

debe operar

en

un

nivel

social

y

de

lengua

m6s

alto,

deber6

educar su norma lingi.iistica, como

todo

su

com-

portamiento,

si

no

quiere

recibir

la

sanci6n social

del

nuevo