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que
los lingiiistas
podemos
aprender
de
quienes se
dedican
al
ejer-
cicio
de
la
pedagogia.
5.
Es
conocido
que
el
desarrollo
de
la
lingiiistica
moderna
ocurfl6
en
este
siglo
merced
al
impulso
que recibieron
las
ciencias
sociales.
cuando los
antrop6logos
fueron
al
campo
a
estudiar
la
cultura
de
grupos
humanos que
no
pertenecian
a
la
tradici6n
occidental,
se
en-
contraron con
el
problema de
la
lengua.
Podemos
decir
que,
ptima
tacie, para penetrar en
la
cultura
de
esos
pueblos, les era
necesario
comunicarse
con
los
nativos de
manera eficiente,
y
adem6s,
que
en
segunda
instancia,
para
describir
su cultura, fue
imprescindible
que
pudieran describir
la
lengua hablada
por
los aborigenes.
Esas con-
tingencias estimularon
la
formulaci6n
y
afinamiento
de
los
nuevos
postulados
y
m6todos de
la
lingiiistica
moderna,
estableci6ndose
un
claro distingo con los principios
y
m6todo
de
la
filologia del
siglo
XIX y
la
gram6tica
tradicional.
Normalmente
aquellos
pueblos
desconocian
la
escritura,
y
este
hecho, sumado
al
de tener
que
tra-
bajar
en
e1
an6lisis
de una
lengua que
no
era
la
propia, fue
el
aci-
cate que
permiti6 no
s6lo
el
r6pido
desarrollo
de
la
lingiiistica
mo-
derna,
sino que
ech6
las
bases
de una
colaboraci6n estrecha
entre
antrop6logos
y
lingiiistas,
y
de una
necesaria
complementaci6n
en
los
curristla
acad€micos
de
ambas
profesiones'
5.1.
Siempre
se
habia tenido
conciencia
de
la
relaci6n
entre
lengua
y
cultura,
pero
desde entonces
6sta adquiere
una
nueva din6mica
al
extender
el
concepto
de
ctltuta,
de su 6mbito tradicional
al
que
le
asigna
la
antropologia.
Siendo
asi,
no
extrafiar6
que
cuando
se
proyecta
un
programa
de lingiiistica
aplicada,
en
el
marco
masivo
de
la
educaci6n
formal,
sea
imprescindible que
el
antrop6logo
entere
al
lingiiista
y
al
educador de
las
pautas propias
de las
dos culturas
que entran en
juego.
Para abreviar:
voy a
referirme
a
un
ejemplo:
En
una
clase
para
extranjeros,
en
Estados
Unidos,
el
rendimiento
de
los estudiantes de
procedencia
6rabe era
sumamente
bajo
y
muy
inferior
al
que
se
sabia que
esos
alumnos
podian
rendir,
como
en
efecto
ocuria
en otros
cursos.
Luego de una
investigaci6n se
con-
cluy6
que
para
dichos alumnos resultaba
frustrante
que les
enseflara
una
mujer.
Dentro
de
sus patrones habituales,
la
funci6n
direc-
tiva
no
competia
a
las mujeres. Otro
ejemplo:
El
decano
de
la
facultad
pedag6gica
de
Kingston
contaba que,
en una
jira
por
el
Africa,
habia
comprobado
cu6n
deficientes pueden
ser
los
materia-
les,
preparados
incluso
por
lingtiistas,
para
la
enseflanza
de
una
segunda
lengua.
En
las
clases
de
pr6ctica,
los
alumnos
pasabarr
muchos
minutos
repitiendo:'6sta
es
una puerta','6sa
es
una
puer-




