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debi6
en
gran,
parte,
si no
en su
totalidad,
a
la
linea
f6rrea que se
tendi6
en
6poca
ya
un
tanto
lejana. Pero
si
se puede
favorecer
ese
fen6meno
de acultu-
raci6n,
y
de
hecho
se
puede,
yo
creo
que
es
un
asunto
muy
importante
que
depende sobre
todo
de
la
politica del
Estado.
Por
supuesto,
creo
que
podria
llevarse
a
cabo en
el
Perf
tambiEn algo
semejante
a
lo
que
se
hizo
en M6xico
con
las
Misiones que realizaron
una
obra
tan
estimable, misiones
que
debe-
rian
estar
integradas,
claro
est6,
no
s6lo
por
educadores
sino
por
elementos
sanitarios, tdcnicos
en
agricultura
y
asi
por
eI
estilo;
es
decir
misiones inte-
gradas
por
aquellos
que
puedan realmente
ayudar
a
satisfacer
las
necesida-
des
m6s
premiosas
y
a
elevar
el nivel
de
vida
de los
habitantes.
Yo
no
s6
si
me he referido
a
las
observaciones
muy
importantes
del
Dr.
Cueto,
observa-
ciones
con Ias
cuales
repito
yo
estoy enteramente
de
acuerdo.
DR.
CUETO:
Estamos de acuerdo,
Dr.
Barrantes,
y
esto
me
complace
mucho
sin
duda,
la
observaci6n
que
yo
tenia
en
mente.
. .
.
es
el
error
de
la
campafia
de
alfabetizaci6n. Esto
es
lo
primero
y
luego,
sin
6nimo
pol6mico
desde
luego, sino que en
el fondo
yo
estoy
convencido
de ello,
muy
de
acuer-
do: la
educaci6n
en
general
no
es
un
proceso
destnado
exclusivamente
a
ser-
vir
las
necesidades
de
una
comunidad
o
de
una
naci6n sino
tambidn
es
un
6r-
gano mediante
el
cual
la
sociedad es
guiada
y
transformada; pero
yo
estoy
seguro
que en
esta tesis
tambi€n
estamos
de acuerdo;
en
tanto
que
los
pueblos
quechua-hablantes est6n aislados,
el
idioma
espafiol serd siempre
un
idioma
extianjero para
ellos
y
no
se
habrd producido
la
fusi6n,
la
integraci6n
culfural
que todos
deseamos
para
nuestro
pais.
DR. BARRANTES: Me
agradaria
afiadir a
este respecto
que
a
mi jui-
cia todo
es
un
medio
para el hombre
y
que
el
6noco
fin
es
el
hombre,
esto
no
es
una
novedad porque
lo
ha
dicho
mds de
un
humanista como
sabemos;
el
fin
es
el
hombre,
todo
es
un
medio;
la
educaci6n
es
un
medio;
la
cultura
es
un
medio
y
todo
a
mi juicio
es
un
medio. Nada
es
un
fin,
salvo el hombre mismo;
ese
es
mi
punto
de
vista. De
manera
que
hay
que
servir
al
hombre
y
por
m6s
que
quienes
nos
dedicamos
a la
educaci6n
quiz6
exageremos
la
importancia
de ella,
tenemos
que
reconocer
que
es
un
humilde
medio
al
servicio
del
hom-
bre;
y,
por otra
parte,
cuando
se
habla
de
necesidades,
yo
creo que
la
educa-
ci6n
debe
partir
desde
el
punto en
que
se
encuentra
una
comunidad determi-
nada.
Si,
por
ejemplo, en
una
comunidad,
uno
no
sabe
ni
siquiera
qud
es
lo
que
se debe
comer,
la
educaci6n debe
poner
6nfasis
en
este
punto;
pero
si
se
trata ya
de
un
grupo humano que
ha
alcanzado
un nivel
m6s
alto
de
cultura,
pues
nada de
esto
es
ya
necesario; entonces
habr6 que
partir
del nivel en
que
se
encuentra
para promover
seguramente
el
perfeccionamiento de
esa
comuni-
dad.
Ahora
no
pienso
yo,
en absoluto,
cuando
se
trata
de
la
educaci6n, exclu-
sivamente en
necesidades
materiales; tambi6n
hay
necesidades
del
espiritu, por
supuesto,
y
la
educaci6n
tiene que
comprender
a
la
comunidad
y
al
hombre




