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116

debi6

en

gran,

parte,

si no

en su

totalidad,

a

la

linea

f6rrea que se

tendi6

en

6poca

ya

un

tanto

lejana. Pero

si

se puede

favorecer

ese

fen6meno

de acultu-

raci6n,

y

de

hecho

se

puede,

yo

creo

que

es

un

asunto

muy

importante

que

depende sobre

todo

de

la

politica del

Estado.

Por

supuesto,

creo

que

podria

llevarse

a

cabo en

el

Perf

tambiEn algo

semejante

a

lo

que

se

hizo

en M6xico

con

las

Misiones que realizaron

una

obra

tan

estimable, misiones

que

debe-

rian

estar

integradas,

claro

est6,

no

s6lo

por

educadores

sino

por

elementos

sanitarios, tdcnicos

en

agricultura

y

asi

por

eI

estilo;

es

decir

misiones inte-

gradas

por

aquellos

que

puedan realmente

ayudar

a

satisfacer

las

necesida-

des

m6s

premiosas

y

a

elevar

el nivel

de

vida

de los

habitantes.

Yo

no

s6

si

me he referido

a

las

observaciones

muy

importantes

del

Dr.

Cueto,

observa-

ciones

con Ias

cuales

repito

yo

estoy enteramente

de

acuerdo.

DR.

CUETO:

Estamos de acuerdo,

Dr.

Barrantes,

y

esto

me

complace

mucho

sin

duda,

la

observaci6n

que

yo

tenia

en

mente.

. .

.

es

el

error

de

la

campafia

de

alfabetizaci6n. Esto

es

lo

primero

y

luego,

sin

6nimo

pol6mico

desde

luego, sino que en

el fondo

yo

estoy

convencido

de ello,

muy

de

acuer-

do: la

educaci6n

en

general

no

es

un

proceso

destnado

exclusivamente

a

ser-

vir

las

necesidades

de

una

comunidad

o

de

una

naci6n sino

tambidn

es

un

6r-

gano mediante

el

cual

la

sociedad es

guiada

y

transformada; pero

yo

estoy

seguro

que en

esta tesis

tambi€n

estamos

de acuerdo;

en

tanto

que

los

pueblos

quechua-hablantes est6n aislados,

el

idioma

espafiol serd siempre

un

idioma

extianjero para

ellos

y

no

se

habrd producido

la

fusi6n,

la

integraci6n

culfural

que todos

deseamos

para

nuestro

pais.

DR. BARRANTES: Me

agradaria

afiadir a

este respecto

que

a

mi jui-

cia todo

es

un

medio

para el hombre

y

que

el

6noco

fin

es

el

hombre,

esto

no

es

una

novedad porque

lo

ha

dicho

mds de

un

humanista como

sabemos;

el

fin

es

el

hombre,

todo

es

un

medio;

la

educaci6n

es

un

medio;

la

cultura

es

un

medio

y

todo

a

mi juicio

es

un

medio. Nada

es

un

fin,

salvo el hombre mismo;

ese

es

mi

punto

de

vista. De

manera

que

hay

que

servir

al

hombre

y

por

m6s

que

quienes

nos

dedicamos

a la

educaci6n

quiz6

exageremos

la

importancia

de ella,

tenemos

que

reconocer

que

es

un

humilde

medio

al

servicio

del

hom-

bre;

y,

por otra

parte,

cuando

se

habla

de

necesidades,

yo

creo que

la

educa-

ci6n

debe

partir

desde

el

punto en

que

se

encuentra

una

comunidad determi-

nada.

Si,

por

ejemplo, en

una

comunidad,

uno

no

sabe

ni

siquiera

qud

es

lo

que

se debe

comer,

la

educaci6n debe

poner

6nfasis

en

este

punto;

pero

si

se

trata ya

de

un

grupo humano que

ha

alcanzado

un nivel

m6s

alto

de

cultura,

pues

nada de

esto

es

ya

necesario; entonces

habr6 que

partir

del nivel en

que

se

encuentra

para promover

seguramente

el

perfeccionamiento de

esa

comuni-

dad.

Ahora

no

pienso

yo,

en absoluto,

cuando

se

trata

de

la

educaci6n, exclu-

sivamente en

necesidades

materiales; tambi6n

hay

necesidades

del

espiritu, por

supuesto,

y

la

educaci6n

tiene que

comprender

a

la

comunidad

y

al

hombre