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111

en su lengua

nativa.

Ese es

un

argumento que

reafirma

mi

convicci6n de

que

conviene

alfabetizar

a

grado

m6ximo:

no

s6lo

la

lectura simple de

la

lengua

nativa,

sino pasar

tambi€n a

la

castellanizaci6n

a

grado m6ximo, en

una

pro-

yecci6n

permanente.

DR.

BARRANTES:

Yo

podria

agregar

a

ese

respecto,

que

he

visto,

por

ejemplo,

caftillas

elaboradas

por

el

Instituto

Lingiiistico de

Verano,

en

las

que

hay

ensefianza

bilingiie

acerca

de

aquello que se

considera

esencial

para el hombre;

asuntos de higiene,

de

costumbres,

etc.'

y

me

ha parecido muy

conveniente.

DR.

ARGUEDAS:

Se

acaba

de

producir

un

diSlogo

entre

el

ponente

Dr.

Barrantes

y

el

Dr.

Escobar.

Vamos a

ceder

la

palabra

al Dr.

Carlos

Cueto'

DR. CUETO:

Quisiera decir algunas palabras

breves sobre

i6s

temas

tan

interesantes

que

se

han

debatido esta

noche,

pidiendo ante

todo

discul-

pas

por

no

haber asistido

a

las

reuniones anteriores;

de

manera

que

esto

me

da una

desventaja

muy

notoria

sobre

todos

los

dem6s

miembros

de

este Sim-

posium. Quisiera

en

primer lugar volver

sobre

el punto tratado por el Director

del Instituto

Lingi.iistico de Verano en

la

interesante an6cdota que

relat6.

En

Ayacucho habia ciertos niffos

y

adultos de

una

escuela: estos

nifros

y

adultos

entendian

un

idioma

determinado,

el

quechua,

y

un

maestro

trataba de

ense-

frarles en espafrol;

es

decir, en una lengua que

no

entendian.

El

Dr.

Ndfrez

del

Prado

ha inquirido por

las

razones

que

guiaron

a

estos

alumnos

del

profesor

para

trasladarse

a

otra

escuela,

cuando

en

esa

otra

escuela

se

les

ensefraba

en una

lengua

que

si

entendian.

Yo

creo

que

no

hay

necesidad

de

ninguna

raz6n

o

de ninguna

explicaci6n

al

respecto,

porque

la

raz6n es

obvia,

es pa-

tente. Es que simplemente

la

ensefianza

en

la

escuela

que conducia

el

maestro

oficial

se

hacia

en

un idioma

en que los nifios

no

entendian,

es

decir,

se estaba

proponiendo

a

esos

nif,os

y

a

esos

adultos una tarea

imposible,

tan

imposible

como

si

alrededor de

esta

Mesa

se

reunieran

personas,

cada

una

de

las

cuales

hablara

una

lengua que

no

entendiera ninguna

de las otras

y

con

este proce-

dimiento,

dentro de

esta situaci6n, trat6ramos

de llegar

a

formular

conclu-

siones.

Esto

es

tambi€n

simplemente

irrealizable, esto

no

puede

realizarse;

esto

no

tendria

absolutamente

ning6n

sentido.

Sin

embargo,

la

situaci6n,

cuan-

do

se

trata

de

ensefiar

en

una

lengua que

los

alumnos

no

conocen, es exacta-

mente

la

misma, asi de

absurda,

asi de

monstruosa,

tal

es

la

verdad

y,

sin

em-

bargo,

6ste es

un empeflo oficial

en eI cual

el

Estado peruano mantiene

una

actitud muy

obstinada,

recalcitrante.

Ahora bien,

yo

quisiera tambiEn

decir

algunas palabras sobre

otros

asuntos

del

debate

que me

parecen

sumamente

interesantes:

primero el

de

la

alfabetizaci6n,

y

creo que

6sta es

una

cuesti6n

realmente

de

fondo. La

alfabetizaci6n puede

comprenderse

en

dos

sentidos

completamente

distintos:

cuando se

trata

de

alfabetizar

a

un

nifro

de

la

es-