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algunos
todavia
no
lo
saben.
Asi,
pues,
para
que
el
espafrol
no
sea
para
los
indigenas
una
lengua
tan
extranjera como
para
nuestros
estudiantes de
secun-
daria
en
la
costa
lo
es
el ingl6s
o el
franc€s,
es
preciso
que
la
escuela
sea
auxi-
liada
en una
forma
mucho
m6s
profunda.
No
se
trata
solamente
de
un
pro-
blema
de
alfabetizaci6n,
no
se
trata
solamente
de
un
problema
de
m€todos
pedag6gicos,
no
se
trata
solamente
de una
reforma
de los
sistemas educati-
vos;
se
trata
de algo mucho
m5s
especial,
se
trata
de una
modificaci6n
muy
profunda
de
las
estructuras
sociales,
de las
estructuras
econ6micas,
de las
es-
tructuras
culturales.
DR. BARRANTES: Yo
no
estoy de
acuerdo
con
el
Dr.
Cueto
en
gran
parte
de
lo
que
6l ha
dicho,
sino
en
la
totalidad. Estoy
absolutamente
seguro
que
la
educaci6n escolar
no
tiene
un
gran poder frente
a
la
influencia del
me-
dio
social
y
cultural por el
que
hay
que
empezar necesariamente;
por
eso
yo
he dicho
-no
he sido
el
primero en decirlo,
por
supuesto-
que
hay
la
m6s
grande
vinculaci6n
entre
la
politica
y
la
educaci6n.
Esto
es
evidente.
La
edu-
caci6n
para la comunidad
como
se
dice ahora,
no
es
tampoco una
panacea
como
antemano;
la
educaci6n est6
subordinada
a
la
politica, de
manera que
depen-
de de
la
politica,
es
decir,
de
la
direcci6n
que
se
imprima
a
la
sociedad,
de
aquello
que
en gran
escala
se
lleve
a
cabo
en el
seno
de
ella; por
lo
tanto,
esta
rnfluencia social es
determinante
y
ya
sabemos
que destruye
en gran
parte
aquello
que
los
maestros
tratan de
construir
laboriosamente
dentro
del
recinto
escolar.
No
creo,
pues,
en una eficacia aislada
de
la
educaci6n escolar;
por
otra
parte,
a
mi
me parece
que en
lo
que respecta a
la
educaci6n
fundamental o
edu-
caci6n
para la comunidad
como
se
dice ahora,
no
es
tampoco una
panacea
como
no
lo
es
la
alfabetizaci6n;
se
trata
de
un
tipo
de
educaci6n
queha
sefralado la
UNESCO
y
que
est6
haciendo
grandes esfuerzos
para
que
se
lleve
a
la
pr6c-
tica
sobre
todo
en aquellas
comunidades atrasadas
a
las que
hay
que ayudar-
las
a
salir
de
este atraso
para
elevarlas
a un
nivel
superior. Pero
yo
me
doy
cuenta perfecta de que
hay
algunos
asuntos
que
son
primordiales
y
que
exigen
la
m6s grande atenci6n, pues
no
podemos
atender a todo.
He
sido, afortunada-
mente, maestro
primario
y
he
dirigido
una
escuela
primaria
en
un distrito
en
el
seno
de una
comunidad indigena,
durante cinco afios;
entonces,
como
tal
maestro
primario yo, por
ejemplo,
he llevado
a
los
nifios para que
se
bafren
en
el rio,
porque
de
otra
manera
no
se
habrian bafiado quiz6
nunca.
Esta
es
una
necesidad;
a
mi
me parecia que
bafrarse
en
el
rio
era sumamente
impor-
tante,
y
a
cualquiera
ha
de parecerle
asi; en
aquel
pueblo
no
habia
bafios
y,
por otra parte,
cuando
leia
a
Vasconcelos,
me
enter6
que
61
recomendaba algo
semejante
en
su pais
y
en
un
ensayo
en
que
recoge
mucha de su
experiencia
como
Secretario
de Educaci6n
Pdblica. Por
otra
parte,
en
la
comunidad algu-
nas personas
bebian mucho,
y
entonces
yo
realizaba
esfuerzos
que
no
s6
si
die-
ron resultado para
que,
en
lo
posible, los nifros
no siguieran
ese
mal
ejemplo.
S€
que algunos
esfuerzos
eran,
y,
qwiz6,
resultaron
estEriles
a
la
larga, pero
es
que




