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tt4

algunos

todavia

no

lo

saben.

Asi,

pues,

para

que

el

espafrol

no

sea

para

los

indigenas

una

lengua

tan

extranjera como

para

nuestros

estudiantes de

secun-

daria

en

la

costa

lo

es

el ingl6s

o el

franc€s,

es

preciso

que

la

escuela

sea

auxi-

liada

en una

forma

mucho

m6s

profunda.

No

se

trata

solamente

de

un

pro-

blema

de

alfabetizaci6n,

no

se

trata

solamente

de

un

problema

de

m€todos

pedag6gicos,

no

se

trata

solamente

de una

reforma

de los

sistemas educati-

vos;

se

trata

de algo mucho

m5s

especial,

se

trata

de una

modificaci6n

muy

profunda

de

las

estructuras

sociales,

de las

estructuras

econ6micas,

de las

es-

tructuras

culturales.

DR. BARRANTES: Yo

no

estoy de

acuerdo

con

el

Dr.

Cueto

en

gran

parte

de

lo

que

6l ha

dicho,

sino

en

la

totalidad. Estoy

absolutamente

seguro

que

la

educaci6n escolar

no

tiene

un

gran poder frente

a

la

influencia del

me-

dio

social

y

cultural por el

que

hay

que

empezar necesariamente;

por

eso

yo

he dicho

-no

he sido

el

primero en decirlo,

por

supuesto-

que

hay

la

m6s

grande

vinculaci6n

entre

la

politica

y

la

educaci6n.

Esto

es

evidente.

La

edu-

caci6n

para la comunidad

como

se

dice ahora,

no

es

tampoco una

panacea

como

antemano;

la

educaci6n est6

subordinada

a

la

politica, de

manera que

depen-

de de

la

politica,

es

decir,

de

la

direcci6n

que

se

imprima

a

la

sociedad,

de

aquello

que

en gran

escala

se

lleve

a

cabo

en el

seno

de

ella; por

lo

tanto,

esta

rnfluencia social es

determinante

y

ya

sabemos

que destruye

en gran

parte

aquello

que

los

maestros

tratan de

construir

laboriosamente

dentro

del

recinto

escolar.

No

creo,

pues,

en una eficacia aislada

de

la

educaci6n escolar;

por

otra

parte,

a

mi

me parece

que en

lo

que respecta a

la

educaci6n

fundamental o

edu-

caci6n

para la comunidad

como

se

dice ahora,

no

es

tampoco una

panacea

como

no

lo

es

la

alfabetizaci6n;

se

trata

de

un

tipo

de

educaci6n

queha

sefralado la

UNESCO

y

que

est6

haciendo

grandes esfuerzos

para

que

se

lleve

a

la

pr6c-

tica

sobre

todo

en aquellas

comunidades atrasadas

a

las que

hay

que ayudar-

las

a

salir

de

este atraso

para

elevarlas

a un

nivel

superior. Pero

yo

me

doy

cuenta perfecta de que

hay

algunos

asuntos

que

son

primordiales

y

que

exigen

la

m6s grande atenci6n, pues

no

podemos

atender a todo.

He

sido, afortunada-

mente, maestro

primario

y

he

dirigido

una

escuela

primaria

en

un distrito

en

el

seno

de una

comunidad indigena,

durante cinco afios;

entonces,

como

tal

maestro

primario yo, por

ejemplo,

he llevado

a

los

nifios para que

se

bafren

en

el rio,

porque

de

otra

manera

no

se

habrian bafiado quiz6

nunca.

Esta

es

una

necesidad;

a

mi

me parecia que

bafrarse

en

el

rio

era sumamente

impor-

tante,

y

a

cualquiera

ha

de parecerle

asi; en

aquel

pueblo

no

habia

bafios

y,

por otra parte,

cuando

leia

a

Vasconcelos,

me

enter6

que

61

recomendaba algo

semejante

en

su pais

y

en

un

ensayo

en

que

recoge

mucha de su

experiencia

como

Secretario

de Educaci6n

Pdblica. Por

otra

parte,

en

la

comunidad algu-

nas personas

bebian mucho,

y

entonces

yo

realizaba

esfuerzos

que

no

s6

si

die-

ron resultado para

que,

en

lo

posible, los nifros

no siguieran

ese

mal

ejemplo.

S€

que algunos

esfuerzos

eran,

y,

qwiz6,

resultaron

estEriles

a

la

larga, pero

es

que