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selva
baja,
donde en unos diez
affos
y
con
varios
miles
de
alumnos
de las
es-
cuelas
bilingiies, como
he
dicho,
ya
ha
dado
resultados satisfactorios.
En
la
selva nos
decian siempre
que
las
condiciones,
que
el
ambiente
del
indigena
era
muy
diferente
al
de
la
regi6n andina,
o
sea
que
el
selvicola
no tiene
ver-
gienza
de
su
idioma
y
que
abiertamente
prefiere
su idioma
al
castellano;
y
que, comparado con
el
serrano,
el
indigena selvicola
es
m6s agresivo, m6s
in-
dependiente,
mds
trabajador.
Por
eso
creo que
el
problema
que
nos
embarga
hoy
es
peculiarmente
el
problema
del
indigena de
la
sierra.
Ultimamente,
ha-
ce
pocas
semanas,
tuve
la
oportunidad
de
estar
en
Ayacucho;
estuve
al
mismo
tiempo
y
en
el
mismo
dia
en que lleg6
una
Comisi6n
de
la
Federaci6n
de
Obreros
Campesinos
que
afirmaba
representar
a
unos setenta
mil
obreros.
Llegaron
a
la
Universidad de Fluamanga
y
pidieron
que
se
les
concediera una
campafra
de
afabetizaci6n;
querian
un
curso
de
capacitaci6n
muy
semejante
al
que
ya
existe
en
Yarinacocha
para los
indigenas
de
la
selva;
aseguraban
que
tenlan
preparados
o
escogidos
a
unos cincuenta j6venes
que querian tra-
bajar
sacrificadamente,
sin
ganar sueldo; que
6stos
eran
egresados
del
quin-
to
afio
de
primaria
de
las
escuelas
fiscales,
y
algunos solamente
del
tercer
afio,
pero que
ya
sabian leer
y
escribir en castellano.
Ellos
querian aprender
a
leer
y
escribir
en
su
propio idioma,
es
decir en
quechuar
paro
regresar
a
sus pro-
pias
comunidades
y
comenzar
una
campafia
de
alfabetizaci6r.
en forma
bilin-
giie, como
es
el
m6todo que ahora aplicamos en
la
selva,
pero
rechazaron
mi
sugerencia
diciendo
que
no
querian
el
castellano
sino
solamente
el
quechua;
al
mismo
tiempo
me
enter€
que
habia
un
maestro que
lleg6
a
Ayacucho
para
quejarse
a las
autoridades de
que una
persona
le habia robado todos
sus
alum-
nos
de
la
escuela,
y
el
caso
fue
que
un
alfabetizador capacitado
por
una mi-
si6n
en
Huanta habia
ido
para
iniciar
una
campafia
de
alfabetizaci6n
para
adultos
y
casualmente se
ubic6 en una
casa
vecina
a
la
escuela.
Cuando
los
alumnos
de
esa
escuela se
enteraron de que
ahi, en
esa casa, se
podia
leer
en
quechua
una
cosa
y
comprenderla a
la
vez,
vaciaron
la
escuela
y, todo
el mun-
do,
menos
el
maestro,
se
fueron
a
la
casa,
a
la
casa
donde se
ensefraba
en
que-
chua. Bueno,
esto
me
parece
que
nos
indica
que
quiz6
la
diferencia que
siem-
pre
se
ha
sostenido
que
existe
entre
el
selvicola
y
el
serrano
ya
no
existe,
por-
que est6
comenzando
un
cambio
y
queria
preguntarle
al
Dr.
Barrantes
si
sa-
bia
de
este
movimiento
o si
algunas
otras
personas
tambidn
habian
observado
tal
cambio.
DR. BARRANTES: La
verdad
es
que
yo
no soy
la
persona m6s
autori-
zada
para
contestar
a
esa
pregunta
y
hay aqui
algunos
que podrian
hacerlo
con muchisimo m6s conocimiento
del
asunto que
yo, por
ejemplo,
Jos6
Maria
Arguedas; pero,
segfn
tengo entendido, aquello que en nuestro pais
ha
debido
producirse
por
acci6n
del
gobierno
se
ha
realizado en gran
parte
por
una
evo-
luci6n
social que
ha
obedecido
a
diversos factores,
entre
ellos,
por
ejemplo,
a
la
intercomunicaci6n
que
ahora existe
entre los
diversos pueblos
que
viven




