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rar.
La
comunidad
es,
lo
decimos categ6ricamente,
el
factor
esencial
y
el
pri-
mero
de los
medios
educativos.
Esta
referencia
es
tanto
m6s
necesaria
cuanto
qlte
nos
proponemos
abordar
el
tema de
la
educaci5n
frente
al
problema que
presentan
las
len-
guas
aborigenes.
No
intentamos, pues,
detenernos
en
el
an6lisis,
por
somero
que
sea,
de
la
educaci6n
en
general
o
de
la
educaci6n
del individuo
en parti-
cular,
asunto que
hemos
esbozado
r6pidamente
en
las
lineas
anteriores por-
que
debemos
partir
de
6l
y
apoyarnos en
esa
base
para
intentar
luego
el
des-
arrollo del
tema
mismo.
El
problema que
nos ocupa est6 planteado, fundamentalmente,
por
la
existencia
de
un
grupo
humano que
no
se
ha
incorporado
atin
en
plenitud
a
la
vida
nacional
sino
que,
por el
contrario,
vive
en gran
parte
al
margen
de
ella.
Se
trata,
entonces,
de
favorecer
al
mdximo posible
el
desarrollo
de
un
acelerado
proceso
de
integraci6n
que
ponga
t6rmino
a
esta situaci6n injusta
y
perjudiciai
y
que,
en
consecuencia,
promueva,
con
semejante
rapidez
y
vi-
gor,
la
unidad
de
la
naci6n,
de
efecto
inmediato
en
el
desenvolvimiento
de
su
personalidad
hist6rica que repercutir6 tambi6n
con
presteza
en
el
adecuado
cumplimiento de su
obra.
Nadie podr6
negar
la
importancia
capital de
esos
objetivos
y
la
ur-
gente necesidad
que
hay
de alcanzarlos en breve
tiempo.
Sin
embargo,
las di-
ficultades que
se
oponen
a
la
tealizaci6n
de
tal
prop6sito son, como
sabemos,
de
una
gran
magnitud
y
de
los
m6s diversos 6rdenes. Reconocemos
que
el
as-
pecto
econ6mico es
primordial
y
que,
en
el
momento
presente,
corresponde
a
la
Reforma
Agraria
abrir
las puertas de
la
transformaci6n que todos
anhe-
lamos, pero
debemos
cefiirnos
a
nuestro
tema
y
mantenernos,
por tanto,
den-
tro
del
marco
educafivo.
La
incorporaci6n
o la
integraci6n
de
que habl6bamos
no
puede signifi-
car,
desde
luego,
el
sacrificio
de una cultura
del
grupo
menos favorecido
a
aqu6l que
se
ufana de
marcar
la
t6nica de
la
vida
nacional.
Si un
hombre
es
respetable,
lo
es
mucho m6s
un
pueblo,
una
comunidad humana
que
se
deli-
nea
y
singulariza
precisamente
en
virtud
de
su cultura,
hasta
el
punto
de
que
se
podria
afirmar
que
es
en cuanto comporta
un
mundo
de
ideas,
de
creen-
cias, de simbolos,
de
costumbres, en
forma
tal
qut
suprimir
su
cultura
signi-
ficaria
-si
esto fuera
posible-
nada
menos
que
quitarle
la
vida.
La
integraci6n, que tiene
tanto
que
ver con
la
aculturaci6n
o
transcul-
turaci6n,
ha
sido definida
por
Gonzalo
Aguirre Beltr6n
como
"el
proceso
de
cambio que
emerge
de
Ia
conjunci6n
de
grupos que
participan de
estructuras
sociales
distintas.
Se caracteriza
por
el
desarrollo
continuado de
un
conflicto
de
fuerzas,
entre
sistemas
de
relaciones
posicionales
de
sentido
opuesto,
que
tienden
a
organizarse
en
un
plano de igualdad
y
se
manifiesta objetivamente
en
su
existencia,
a
niveles
variables
de
contraposici6n".
Ahora
bien,
la
lengua
es,
probablemente,
el
primero de los
elementos
culturales,
el
que
se
vincula
m6s
intimamente con
el
pueblo
que
lo
habla,
el




