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parte
de las
mismas
constituye
una
conclusi6n
que
se
deriva
de
la
observa-
ci6n de
ese
hecho.
He
aqui
un punto
en
eI
cual,
seguramente,
todos est6n
de
acuerdo.
Las
dificultades se
presentan
cuando se
trata del
procedimiento.
lSe
debe empezar directamente
por
la
castellanizaci6n
del
grupo
campesino?
CConviene,
m6s bien,
dedicarse,
en
primer t€rmino,
a
la
lengua aborigen
para
pasar luego
al
espafiol?
Las
respuestas
pueden
variar
seg6n
que
las
den
el
lingiiista,
el
antro-
p6logo,
el
profesor
de
idiomas,
el
educador
o
el
te6rico de
la
educaci6n, pero
a6n trat6ndose
de
quienes ocupan
el
mismo campo
y
se
dedican
a
an6loga
actividad,
cabe
tambi6n
que
se
produzcan
diferencias
segfn el
punto
de
parti-
da
o
los objetivos
que se
trate
de obtener en
un
caso
u
otro.
Puede
ocrurir
que
la
misma persona adopte
una
determinada
posici6n de
acuerdo
con
una
teoria
o una
doctrina
y
proceda en
forma
distinta
segdn
las
urgentes
necesi-
dades
del momento.
Formar
en
primer
tdrmino
al
hombre
y
despu€s
al
t6c-
nico
es,
por
ejemplo,
un
principio
respetable
en
el
camlrc
de
la
educaci6n,
pero
puede
ocurrir
que
el
atraso
de
un
pueblo
y
sus deplorables
condiciones
de
vida
exijan
la
r6pida formaci6n de
especialistas
que
no
por
incumplir
ese
principio
niegan
su
validez.
Algo
semejante
sucede
en
lo
que
respecta
a
la
educac6n
de
un
apre-
ciable
n6mero
de
pobladores
que en
nuestro
pais hablan
exclusivamente
una
de las
lenguas
aborigenes
y
que
por
este
simple
hecho
sufren
los
efectos
del
aislamiento,
de
la
falta
de
oportunidad
y
de
la
inercia social
y
cultural. El
educador
que tiene
que
v6rselas
con
este
problema
ttatar6,
tal
vez,
de
abrir
la
via
del
inmediato
conocimiento
del
espafiol,
de
tanta
trascendencia
en
el
plano
social
.
Lo
que
importa
antes
que
nada, se
dir6,
es
que
este
grupo
de
hombres,
hundidos en
la
miseria
y
la
ignorancia, puedan
salir
de
ese
estado
y
terminen
por
alcanzar,
merced
a
los
nuevos recursos
que
se
ponen
a
su
dis-
posici6n,
la
independencia econ6mica,
el
bienestar
y
la
suma
de
respetabili-
dad
y
de
oportunidades
que
corresponden
a
la
dignidad humana. Quien
ac-
t6e
como espectador
en
el
presente
caso
y
tenga que
formular
un juicio,
se
inclinard,
seguramente,
a
aprobar
el
procedimiento adoptado
y
a
recomen-
darlo
como el
mejor
que puede
llevar a
la
pr6ctica
en
casos
an6logos.
Sin
em-
bargo,
una
politica
educativa
de largo
alcance
y
una
teoria
de
la
educaci6n,
que,
como
tal,
no
obedezca
a
requerimientos
del
momento
sino
a
principios
duraderos
y
a
intereses
llermanentes, decidir6n que
las
manifestaciones
cultu-
rales de
un
pueblo'merecen
ser
comprendidas en
su
raiz
hist6rica
y
en
su
s€l-
via
vital,
que
la
tarea
de
vincularlo con
el
resto
de
la
nacionalidad debe
lle-
varse
a la
pr6ctica
sin
atentar contra
esas
manifestaciones,
en
cuanto
tienen
de
esenciales
y
representativas,
y
que
lo
aconsejable
es
procurar
que
se realice
una
feliz
conciliaci6n
de
elementos
de una parte
y
otra
y
que
la
lengua
abo-
rigen
merezca
al
principio
la
misma
o
semejante
atenci6n que se
conceder6
despu6s
a la
lengua
oficial.
fnentaremos presentar,
a
continuaci6n,
el
punto de
vista
que
cofres-




