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opositores,
ya
que
se
refieren
al
respeto
que
debe merecer
la
cultura de
un
pueblo,
sea
cual
fuere,
respeto que,
en
el
caso especifico
de uno de los
ele-
mentos
que
la
constituyen,
el
idioma,
no
se opone
al
aprendizaje
de
la
len-
gua
oficial.
Cuando
se
habla
de problemas en referencia
a la
educaci6n
en
el
Perri,
sabemos
a
qu€
atenernos.
Todo
aqu6l que
se
haya
dedicado
al
estudio de
este
asunto
no
abriga
ya
ninguna duda
acerca
de
1o
que
es
preciso hacer,
de
qu6
manera,
en
qu€ orden
y
con qu6
medida.
Por
supuesto,
es
f6cil
advertir
que
los
problemas
de
la
educaci6n
en
nuestro
pais
son
los
mismos
que tiene
este
tltimo
o
se
derivan de
ellos.
La
interrelaci6n
que
hay
entre
las
diversas par-
tes
o
aspectos
de
la
sociedad
y
la
cultura
son
de sobra
conocidos
para
que
de-
bamos
detenernos
en
seffalar
su
importancia.
Si
pretendiEramos emplear
una
f6rmula
satisfactoria
a
este respecto,
diriamos que
la
educaci6n
tiene
como
el primero
de
sus
fines
el
de
servir a
la
comunidad nacional
y
que,
por
tanto,
debe
contribuir
poderosamente
a
la
resoluci6n
de los
m6s
graves
problemas
de
esta
61tima,
esforzdndose,
a
su
vez,
por
mejorarse
a
si
misma
para
que
su
acci6n
alcance
el
m6s
alto nivel
de amplitud,
propiedad
y
eficacia.
A
nuestro
juicio,
como
lo
hemos
dicho en
m6s
de
un
ensayo
y
1o
re-
petimos
al
tErmino
de .esta exposici6n,
el
problema de mayor importancia
en
el Perd
es
el
de
una
especie
de fragmentaci6n social
que
se
aprecia
desde
los
mds variados puntos de
vista
y
a
la
que
es
preciso poner
t€rmino
a
la
breve-
dad posible.
Si para
seiralar
los fines de
la
educaci6n
entre
nosotros,
partimos,
como
tiene
que ser,
de
la
realidad nacional,
es
l6gico que el
principal
de
todos
ellos
se
derive
del
mds grave
de los
problemas
que nos afligen
y
que
a
la
fragmentaci6n
social propia
de
nuestra
realidad
corresponda
la
unidad
como
el
primero
de los fines de car6cter educativo.
Al
hablar de
la
unidad
lo
hace-
mos
no
en
un plano
te6rico
ni
en t6rminos de simple
especulaci6n
sino
tenien-
do
en
mira,
en
todo
momento,
la
realidad
a
la
que nos
hemos
referido
tantas
veces
y
la
pr6ctica
a
que
debe conducirnos
nuestro
convencimiento
en
esta
materia. Si
se
trata
de
unir
a
los
habitantes
del
Perd
y
de
formar
con
ellos una
comunidad digna de
tal
nombre,
la
obra que
se
lleva
a
efecto con
este
prop6-
sito
tiene que
abarcar
los
aspectos econ6mico,
social,
politico,
educativo y
cultural.
Sabemos
muy
bien que
estos
aspectos
se
implican
mutuamente
y
que
algunos
de
ellos pueden comprender
a
todos
los
dem6s
si
se
les
toma
en
un
sentido
lato,
pero
queremos
precisarlos en
su
significaci6n aut6noma
para
que
no
haya
confusiones sobre
los
alcances
que
damos
al
concepto fundamental
en
este
orden de
cosas.
Naturalmente,
la
unidad
debe
contar,
como
uno de
sus
m6s
firmes
so-
portes, como
una
lengua comdn.
No
se
trata
solamente
de
un
medio de inter-
comunicaci6n
sino de
un
instrumento de
avance
econ6mico,
social
y
cultural
para
que
las
comunidades
atrasadas que
hablan una
lengua
distinta del
idio-
ma
oficial
y
que
deben
parte
de su atraso
a
su aislamiento, entre cuyas
causas
se
encuentra
la
diferencia
idiom6tica.
El
aprendizaje
de
la
lengua
oficial
por




