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96

opositores,

ya

que

se

refieren

al

respeto

que

debe merecer

la

cultura de

un

pueblo,

sea

cual

fuere,

respeto que,

en

el

caso especifico

de uno de los

ele-

mentos

que

la

constituyen,

el

idioma,

no

se opone

al

aprendizaje

de

la

len-

gua

oficial.

Cuando

se

habla

de problemas en referencia

a la

educaci6n

en

el

Perri,

sabemos

a

qu€

atenernos.

Todo

aqu6l que

se

haya

dedicado

al

estudio de

este

asunto

no

abriga

ya

ninguna duda

acerca

de

1o

que

es

preciso hacer,

de

qu6

manera,

en

qu€ orden

y

con qu6

medida.

Por

supuesto,

es

f6cil

advertir

que

los

problemas

de

la

educaci6n

en

nuestro

pais

son

los

mismos

que tiene

este

tltimo

o

se

derivan de

ellos.

La

interrelaci6n

que

hay

entre

las

diversas par-

tes

o

aspectos

de

la

sociedad

y

la

cultura

son

de sobra

conocidos

para

que

de-

bamos

detenernos

en

seffalar

su

importancia.

Si

pretendiEramos emplear

una

f6rmula

satisfactoria

a

este respecto,

diriamos que

la

educaci6n

tiene

como

el primero

de

sus

fines

el

de

servir a

la

comunidad nacional

y

que,

por

tanto,

debe

contribuir

poderosamente

a

la

resoluci6n

de los

m6s

graves

problemas

de

esta

61tima,

esforzdndose,

a

su

vez,

por

mejorarse

a

si

misma

para

que

su

acci6n

alcance

el

m6s

alto nivel

de amplitud,

propiedad

y

eficacia.

A

nuestro

juicio,

como

lo

hemos

dicho en

m6s

de

un

ensayo

y

1o

re-

petimos

al

tErmino

de .esta exposici6n,

el

problema de mayor importancia

en

el Perd

es

el

de

una

especie

de fragmentaci6n social

que

se

aprecia

desde

los

mds variados puntos de

vista

y

a

la

que

es

preciso poner

t€rmino

a

la

breve-

dad posible.

Si para

seiralar

los fines de

la

educaci6n

entre

nosotros,

partimos,

como

tiene

que ser,

de

la

realidad nacional,

es

l6gico que el

principal

de

todos

ellos

se

derive

del

mds grave

de los

problemas

que nos afligen

y

que

a

la

fragmentaci6n

social propia

de

nuestra

realidad

corresponda

la

unidad

como

el

primero

de los fines de car6cter educativo.

Al

hablar de

la

unidad

lo

hace-

mos

no

en

un plano

te6rico

ni

en t6rminos de simple

especulaci6n

sino

tenien-

do

en

mira,

en

todo

momento,

la

realidad

a

la

que nos

hemos

referido

tantas

veces

y

la

pr6ctica

a

que

debe conducirnos

nuestro

convencimiento

en

esta

materia. Si

se

trata

de

unir

a

los

habitantes

del

Perd

y

de

formar

con

ellos una

comunidad digna de

tal

nombre,

la

obra que

se

lleva

a

efecto con

este

prop6-

sito

tiene que

abarcar

los

aspectos econ6mico,

social,

politico,

educativo y

cultural.

Sabemos

muy

bien que

estos

aspectos

se

implican

mutuamente

y

que

algunos

de

ellos pueden comprender

a

todos

los

dem6s

si

se

les

toma

en

un

sentido

lato,

pero

queremos

precisarlos en

su

significaci6n aut6noma

para

que

no

haya

confusiones sobre

los

alcances

que

damos

al

concepto fundamental

en

este

orden de

cosas.

Naturalmente,

la

unidad

debe

contar,

como

uno de

sus

m6s

firmes

so-

portes, como

una

lengua comdn.

No

se

trata

solamente

de

un

medio de inter-

comunicaci6n

sino de

un

instrumento de

avance

econ6mico,

social

y

cultural

para

que

las

comunidades

atrasadas que

hablan una

lengua

distinta del

idio-

ma

oficial

y

que

deben

parte

de su atraso

a

su aislamiento, entre cuyas

causas

se

encuentra

la

diferencia

idiom6tica.

El

aprendizaje

de

la

lengua

oficial

por