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98

ponde

a

la

Pedagogia,

considerada

por

nosotros como

la

teoria de

la

educa-

ci6n.

Estamos

segr,rros

de que

se

lo

tendr6

cada vez m6s en cuenta,

a

medida

que

6ste

como otros problemas de suma

importancia para el

pais

pasen

a

pri-

mer plano en

la

politica

del

Estado.

Hay un

prrncipio

universalmente

acatado

en

el

campo

de

la

educa-

ci6n, que

es

el

del

respeto

que

debe merecer

la

personalidad

del

educando

por

parte del

maestro.

Es cierto

que

esa

personalidad

se

encuentra

adn

en forma-

ci6n;

que durante

la

infancia

podemos

advertir

algunas cualidades

ya

repre-

sentativas del sujeto

y

gue,

a

lo

largo

de

la

adolescencia,

la

linea

se

torna difu-

sa

a

causa

de

los conflictos propicios

de

esta edad, pero

es innegable

tambi6n

que

la

falta

de

madurez

demanda

un

trabajo

m6s

fino

y

solicito

en

lo

que

concierne

a

los educadores,

que

deben esforzarse

por

adaptar

su

conducta

de tales

a

los

caracteres psicol6gicos

de

sus

alumnos,

a las

condiciones

en

que

se desarrolla

su

vida,

a

las

particularidades

del

momento

y,

por

supuesto,

a

los objetivos

que

se

persiguen

por

la

sociedad

orgatizada,

de acuerdo con ta-

les

factores.

El

respeto

a

que

acabamos

de

aludir

se redeuce, entonces,

a

esta

con-

sideraci6n

de las

peculiaridades

del

sujeto que

deben

ser tenidas

en

cuenta

como

requisito previo

indispensable

a

toda obra

educativa.

Nos

encontramos

con una realidad dada de antemano a

la

que

debemos

adaptar nuestro

esfuer-

zo. En

el

caso especifico

de cada alumno,

el

encuentro

se

produce con

un

ser

(nico,

inconfundible,

que

ha traido

consigo,

al

tiempo de

nacer,

un

conjunto

de potencialidades que

se

ir6n

desarrollando

con

el

correr del tiempo, en

ma-

yor

o

menor grado,

segdn

su propio

vigor original asi

como

de

acuerdo

con

la

tonalidad

del

ambiente social que

lo

envuelva

y

la

clase

de

educaci6n

sis-

temdtica en cuyo

proceso

deba intervenir.

Las palabras

desrrollo

y

cttltivo

son

muy

pertinentes

a

este respecto.

Las

encontramos

con

frecuencia

en

numerosos

tratados

de

pedagogia

y

son

de

rigor

en

el

campo

de

la

Escuela

Nueva.

Por

supuesto,

hay

muchas

otras

cosas

que decir,

ya

que

el

asunto

no

es

tan

sencillo como

lo

sugieren

las

breves

palabras anteriores.

A la

vez

que

se

promueve

el

desenvolvimiento

de

los

poderes

y

de

la

propia

personalidad

del alumno,

se

lleva a

cabo

tambiEn una

obra

de socializaci6n

del

mismo

o,

si

se

quiere,

de

adaptaci6n

de

6ste

al

medio social

y

cultural

y

se

insiste en

el

perfeccionamiento

moral

que

tiene mucho que

ver

con

el

acatamiento

de

las

normas,

la

disciplina interna

y

el

cumplimiento

del

deber, que serian imposi-

bles

sin

la

fortificaci6n

del

car6cter

y

el

autodominio.

Nada

de

esto

seria posible

sin

la

vida

de

comunidad

o,

si

queremos

in-

vertir los

t&minos

para una

expresi6n complementaria

y

m6s

propia afn

desde

el punto

de

vista

educativo,

sin

una

comunidad de

vida.

Si el

hombre

no

puede

existir

aisladamente,

tampoco

le

es

posible

educarse

en

la

soledad.

No hay

educaci6n

posible

sin

la

existencia

de

un

grupo humano que,

como

tal,

tiene

una cultura

y

una

tradici6n,

un

ambiente

y

una voluntad

de perdu-