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ci6n
educacional en
el
6rea
rural
de tres
paises
andinos: Ecuador,
PerG
y
Bo-
livia.
Ninguno de los tres habla llegado
a
adoptar
alg(n
sistema
vdlido
que
pudiera
satisfacer
plenamente
la
doble
tarea de alfabetizar
y
castellanizar
a
los
grupos monolingties de sus
respectivas 6reas,
sin
embargo,
se
habla
hecho
una
serie
de
experiencias
que bien podian
enmarcarse
dentro
de
dos
puntos
de
vista
fundamentales
cuales
son:
la
ensefianza
directa
en castellano
y
la
ense-
Ttaroiza
en
quechua
u
otra
lengua nativa.
En
el primer
caso se
habia pretendido alfabetizar usando directamente la
lengua castellana
y
el
alfabeto
castellano,
los
resultados
en
este
caso
necesa-
riamente
tenian que ser
deficientes
puesto que
se
trata
de
introducir de
un
modo exabrupto
2
factores completamente
extraflos
al
contexto
cultural
del
Erupo,
o
sea
el
de
la
ensefianza
de una lengua
desconocida
y
simult6neamente
la
graficaci6n de
6sta.
En
un
pueblo que jamds
tuvo
escritura
si
consideramos
que
el
lenguaje
es
el vehlculo
por
excelencia de
la
cultura
y
con 6l
se
represen-
tan
los
hechos
en
pequefra
o
grande
magnitud
que
se
operan
en ella
es
obvio
que
su
aprendizaje tiene
necesariamente
que
tener
en cuenta
el
proceso
lento
que
implica
la
aprehensi6n
de
los distintos
significados
de
cada vocablo
y
si
afladimos
simult6neamente
el
aprendizaje
de otro
elemento
absolutamente
desconocido en
la
cultura, cual
es
la
escritura,
tenemos
que
justificar
el lnfimo
resultado que
obtuvieron los
maestros aplicando esta
forma
en
su
anhelo
de
alfabetizar
y
castellanizar, puesto
que
al
hacerlo,
falta el
elemento
necesario
de
asociaci6n respecto
al
valor
significativo de los
vocablos.
En
el
segundo
caso,
surge
la
idea de usar
un
mundo
conocido,
o
sea el
propio idioma de
aquellos
a
quienes
se
ha
de alfabetizar aqul,
naturalmente,
tiene que
contarse corr dos
factores:
el idioma
que
ya
conocen
y
el
sistema
de
escritura que
desconocen,
sin
embargo,
se
comenz6
la
tarea
usando
e1
alfabe-
to
castellano
para
ensefrar
en quechua
o
aymara, l6gicamente surge
un
nuevo
conflicto,
pues se
pretende usar
un
sistema
de escritura
adecuado
a
una
len-
gua estructuralmente diferente de aquella en
la
que
ha
de ser aplicada, de
tal
suerte que era
imposible escribir
correctamente
una cantidad
considerable
de
palabras del
idioma
nativo, cuya
formaci6n
no
le
hace
viable para
ser
repre-
sentado
con
el
alfabeto
castellano.
Un
tercer movimiento
se encamina
a
usar
un
sistema fon€mico
de
es-
critura
con
eI cual
pueden graficarse correctamente
los
vocablos
quechua,
ay-
mara,
etc.,
y
se
imparte
|a
ensefianza
etla
lengua
nativa si bien
es
cierto
que
durante
el
aprendizaje
se
consigue
disminuir los
problemas
de
la
ensefranza
misma, surgen
otros de
mayof
envergadura
que
co,nstituyen verdaderos
desa-
justes
en
el
orden
cultural
y
social, pues,
al
estructurar
el
sistema
fon€mico
adecuado
a la
lengua
nativa de
hecho,
por
su
naturaleza
eshuctural
distinta,
tiene
que
ser
el
alfabeto tambidn
distinto al
que
sirve para escribir
el
castellano
que
es
la
lengua
oficial
de pais,
vale decir
la
lengua
en
la
cual
se
vierten
todas
las formas de comunicaci6n que
permiten
el
goce
de
los
derechos
y
oportuni-
dades
del individuo, de
donde
resulta
que
la
forma
de escritura
aprendida
se




