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49

pese

a

que

mi

propfsito

ha

sido descartar algunas

dudas, parece

que

no

1o he

hecho

en

la

medida que

hubiese

querido.

He

sostenido

que,

de

acuerdo

con

determinados

criterios

que se

fundan en una disciplina

que

tiene

por

objeto

el

esfudio

de las

lenguas,

y,

m6s adn,

que

tiene

como

objeto de

una

de

sus

6reas

de aplicaci6n

el

estudio

de

la

posibilidad

de

utilizar

m6todos

lingiiisti-

cos

para

mejorar

el

aprendizaje

de las

lenguas, es

necesario

distinguir

entre

la

enseiianza de

lemgua

trtaterna

y

la

ensefianza

de

segwtda lengua.

Ahora

bien,

la

ensefianza

de

lengua materna

es

el de

ensefrar

a

leer

y

escribir,

el

ensefiar

el

sistema

gramatical formalizado

por

la

comunidad,

a

nifios que

van

a

la

escue-

la

para

aprender

a

leer

y

escribir

la

lengua que

ya

hablan,

y

a

recibir el

c6mu-

1o

de

conocimientos que les

da

la

escuela

en

la

misma lengua

que

hablan en

su

hogar

y

en

la

misma lengua que

hablan en su comunidad;

esto es

lo

que

su-

cede,

por

ejemplo, cuando

yo

mando

a

mi hija

a un

colegio

peruano.

Ahora

bien,

sostenemos

que te6ricamente

se

menciona

el

caso

de los

colegios

de

Li-

ma,

es

un

buen ejemplo porque

causa

efecto;

es

decir,

aparentemente

tendria

que

concederle

a

usted

la

taz6n.

Mas

si,empezamos

a

discutir

un

poco

sobre

1o

que ocurre en

un

colegio

peruano

y

lo

que ocurre

en

un

comunidad

mono-

lengiie

de

Puno

o

Cuzco, vamos

a llegar a

comprobaciones que nos

indican

que

las

situaciones son radicalmente

distintas.

Cuando

yo

en

Lima

mando

a

mi

hija

a

un

colegio

bilingiie,

el

solo

hecho

de

mandar

a

mi

hija

a

un

cole-

gio

bilingi.ie

me

pone

a

ml

en

un

rango

de

grupo

privilegiado dentro

de

la

sociedad

que

vive

en

Lima,

y

la

educaci6n

que

recibe

esta nifia

en

ese

colegio puede ser

parcialmente en lengua extranjera, dos

horas,

tres

horas, pe-

ro

las

tres

o

cuatro

horas restantes que est6

en

el

colegio recibe

la

ensefianza

en lengua

espafiola

y

habla

espafrol.

De

modo

que

si

hace

el

c6mputo de

lo

que

se

les

ensefia

en

espaflol

y

lo

que han aprendido en

ingl6s,

se

ver6 que,

en

realidad,

es

mucho.

m6s

amplio

eI contingente de

lo

que

se

ha

ensefiado

en

es-

pafiol,

y

que

todos

estos procesos

que

dentro de

mi

ponencia son

fases

suce-

sivas

y

por un

plazo

que

no

es

gran

p,6rdida

de tiempo,

un

plazo

Que

puede

ser

de

cuatro

meses

o

seis

meses

o un

afio,

(pueden

variar),

que

no hay

gran

p6rdida de tiempo,

y,

si

incluso

la

hubiera,

Ia

pdrdida de

tiempo

compensa

la

dferencia que

existe

entre

la nifia

que

va

a

un

colegio de

Lima,

para

estudiar

una lengua extranjera,

lo

que

ya implica

cierta distinci6n

y

de

cierto privilegio,

y

el

indigena

que se

presenta en

una

escuela

para

enfrentarse

con

un

maestro

que

habla

otra

lengua, que

a

trav€s de

la

lengua

estd

revelando

su

pertenen-

cia

al

grupo

mestizo

que en

la

gran

multitud

de

los

casos

tiene

una

actitud

de

desprecio

por el

nativo

gue

no

puede

expresarse

en

castellano,

y

que

hace

que en

la

fase

en

la

que

se

necesita

que

el nifio

forme

sus

hdbitos

de interre-

laci6n con los otros nifios, con

el

maestro

y

con

la

escuela, se

encuentre

con

una muralla lingiiistica

que

lo

hace sentirse

extranjero;

pero

no

solamente

ex-

tranjero

sino que

lo

hace sentirse

extranjero

y

hablante

de una

lengua

que,

incluso

para

sus padres

y

para

su

comunidad,

ellos

mismos consideran

una

lengua

inferior. Te6rica

y

lingiiisticamente

esos

juicios

son inacqrtables.

Seria