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cdntrica
y,
entonces,
no hay
ninguna
violaci6n cruel del alma del
nifro,
porque
el nifio
encuentra que
es
un
instrumento,
la
segunda
lengua
es
un
instrumento
de
liberaci6n. Porque
si
esa
lengua
le
proporciona
un
juguete,
le
proporciona
una
comida,
le
proporciona
un
lunch,
o
le
proporciona
una
novedad
que
6l
ansia
porque
est6
en
un
momento de
expansi6n
de
su espiritu, de dominio
del
mundo
exterior,
no
siente
que
esto
es
una crueldad que
se
comete
con
6l;
al
contrario,
gozosamente
lo
admite,
asi en
algunos lugares
en que
hay
radio,
en que
hay teatro
en
espafiol,
en que
hay
higiene en
espaflol
o
amenidades
en
espafiol,
entonces
6l
f6cilmente,
alegremente
va
a
aceptar
la
segunda lengua.
Esos
son
principios
pedag6gicos universalmente
admitidos;
es
el
interds,
lo
que
se
llama
un
cenko
de
inter6s.
Si
el
castellano se
convierte en
un
centro
de
inter€s
ser6
posible
ensefiar desde
el
principio,
desde
la
raiz, el
espafrol, como
yo
puedo hacedo
al
llegar
a
una
escuela
en
que
me
enseflan
la
segunda len-
gua,
agradecido
de
que
no
me hablen en
espafiol
y
agradecido
de
que en todo
momento me hablen
en
otra
lengua.
Ahora,
por
supuesto,
habr6
comunidades
en
las
que
todavia
eso
no
es
posible,
y
yo
estoy plenamente
de
acuerdo
que
entonces
la
educaci6n,
con
la
flexibilidad
que
debe
tener, haga
necesario
ense-
ffar
la
alfabetizaci6n
en
quechua e
ir
progresivamente,
despuds
de
un
tiempo,
al
espafiol
y,
a6n,
que
pueda
detenerse
por
mucho
tiempo
en
el
quechua
y
tal
vez se mantengan
escuelas
totalmente en
quechua,
si el
medio
ambiente
res-
ponde
a
estas
necesidades
espirituales
del nifro.
Porque,
por
otra
parte,
estoy
plenamente de acuerdo que
la
primera
lengua,
la
lengua materna
es
la
lengua
afectiva.
Se
han
hecho
test
psicol6gicos en
los
cuales
se
ha
comprobado que
las
6rdenes
militares
dadas en
las
lenguas maternas
son
comprendidas
mds r6pi-
damente;
el
hombre
obedece
m6s
r6pidamente
en
la
lengua
materna que
en
la
lengua
nueva;
en
la
lengua
oficial
se
demora
en entender
una orden
en
frag-
mentos
de
segundo.
Eso prueba que
61
ama en
primer t6rmino
su
lengua;
pero
la
segunda
lengua
puede ser
llamada
lengua de
la
calle,
la
lengua
de los
jue-
gos
infantiles,
la
lengua
de las
primeras
lecturas;
6sa es
la
lengua nueva,
co-
piosa,
que
€l
encuentra en su
vida
en
torno,
y
€sa
tambidn
puede ser
una
len-
gua que
6l
reciba
gozosamente
como
un
centro de
inter6s. Estos dos
concep-
tos
quise
exponer: referirme
a la
maravillosa aventura
lingiiistica
del
Impe-
rio
Incaico
y,
en
segundo
lugar,
afirmar
que
no hay
un
dilema, me
parece
a
mi,
pedag6gico,
entre
ensefrar
los
primeros
elementos
de
la
educaci6n
nuestra
en quechua
o
en
castellano.
DR.
NUNEZ
DE,L
PRADO:
IIe
escuchado
con
verdadera emoci6n
las
palabras
del
Dr.
Jim6nez
y
quiero
tambi6n
referirme
a
algunas
relaciones
que
hicieron
los
doctores Valc6rcel
y
Murra.
Se
ha
hablado de
razones
de
orden
hist6rico que determinaron ciertos
hechos
en el
proceso
cultural
que
ha
segui-
do
el
pais.
Las
excelsitudes
que
ha
sefialado
el
Dr.
Murra
respecto
al
pensa-
miento de los
aborigenes peruanos
y
los
6xitos alcanzados
por
ellos
aun
dentro
del
campo de
la
t6cnica, realmente
son innegables;
pero
tambi6n
es
innegable,




