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t26

cdntrica

y,

entonces,

no hay

ninguna

violaci6n cruel del alma del

nifro,

porque

el nifio

encuentra que

es

un

instrumento,

la

segunda

lengua

es

un

instrumento

de

liberaci6n. Porque

si

esa

lengua

le

proporciona

un

juguete,

le

proporciona

una

comida,

le

proporciona

un

lunch,

o

le

proporciona

una

novedad

que

6l

ansia

porque

est6

en

un

momento de

expansi6n

de

su espiritu, de dominio

del

mundo

exterior,

no

siente

que

esto

es

una crueldad que

se

comete

con

6l;

al

contrario,

gozosamente

lo

admite,

asi en

algunos lugares

en que

hay

radio,

en que

hay teatro

en

espafiol,

en que

hay

higiene en

espaflol

o

amenidades

en

espafiol,

entonces

6l

f6cilmente,

alegremente

va

a

aceptar

la

segunda lengua.

Esos

son

principios

pedag6gicos universalmente

admitidos;

es

el

interds,

lo

que

se

llama

un

cenko

de

inter6s.

Si

el

castellano se

convierte en

un

centro

de

inter€s

ser6

posible

ensefiar desde

el

principio,

desde

la

raiz, el

espafrol, como

yo

puedo hacedo

al

llegar

a

una

escuela

en

que

me

enseflan

la

segunda len-

gua,

agradecido

de

que

no

me hablen en

espafiol

y

agradecido

de

que en todo

momento me hablen

en

otra

lengua.

Ahora,

por

supuesto,

habr6

comunidades

en

las

que

todavia

eso

no

es

posible,

y

yo

estoy plenamente

de

acuerdo

que

entonces

la

educaci6n,

con

la

flexibilidad

que

debe

tener, haga

necesario

ense-

ffar

la

alfabetizaci6n

en

quechua e

ir

progresivamente,

despuds

de

un

tiempo,

al

espafiol

y,

a6n,

que

pueda

detenerse

por

mucho

tiempo

en

el

quechua

y

tal

vez se mantengan

escuelas

totalmente en

quechua,

si el

medio

ambiente

res-

ponde

a

estas

necesidades

espirituales

del nifro.

Porque,

por

otra

parte,

estoy

plenamente de acuerdo que

la

primera

lengua,

la

lengua materna

es

la

lengua

afectiva.

Se

han

hecho

test

psicol6gicos en

los

cuales

se

ha

comprobado que

las

6rdenes

militares

dadas en

las

lenguas maternas

son

comprendidas

mds r6pi-

damente;

el

hombre

obedece

m6s

r6pidamente

en

la

lengua

materna que

en

la

lengua

nueva;

en

la

lengua

oficial

se

demora

en entender

una orden

en

frag-

mentos

de

segundo.

Eso prueba que

61

ama en

primer t6rmino

su

lengua;

pero

la

segunda

lengua

puede ser

llamada

lengua de

la

calle,

la

lengua

de los

jue-

gos

infantiles,

la

lengua

de las

primeras

lecturas;

6sa es

la

lengua nueva,

co-

piosa,

que

€l

encuentra en su

vida

en

torno,

y

€sa

tambidn

puede ser

una

len-

gua que

6l

reciba

gozosamente

como

un

centro de

inter6s. Estos dos

concep-

tos

quise

exponer: referirme

a la

maravillosa aventura

lingiiistica

del

Impe-

rio

Incaico

y,

en

segundo

lugar,

afirmar

que

no hay

un

dilema, me

parece

a

mi,

pedag6gico,

entre

ensefrar

los

primeros

elementos

de

la

educaci6n

nuestra

en quechua

o

en

castellano.

DR.

NUNEZ

DE,L

PRADO:

IIe

escuchado

con

verdadera emoci6n

las

palabras

del

Dr.

Jim6nez

y

quiero

tambi6n

referirme

a

algunas

relaciones

que

hicieron

los

doctores Valc6rcel

y

Murra.

Se

ha

hablado de

razones

de

orden

hist6rico que determinaron ciertos

hechos

en el

proceso

cultural

que

ha

segui-

do

el

pais.

Las

excelsitudes

que

ha

sefialado

el

Dr.

Murra

respecto

al

pensa-

miento de los

aborigenes peruanos

y

los

6xitos alcanzados

por

ellos

aun

dentro

del

campo de

la

t6cnica, realmente

son innegables;

pero

tambi6n

es

innegable,